Del proyecto al taller: construyendo un proyecto singular
Todo proyecto de embarcación a medida que desarrollamos comienza mucho antes de cortar la primera pieza de madera.
Antes de abrir el software de diseño naval, antes de dibujar una línea y antes incluso de pensar en la construcción, dedicamos muchas horas a escuchar al cliente. Cómo va a utilizar el barco, dónde va a navegar, qué limitaciones existen, qué prestaciones espera y qué necesidades concretas debe resolver la embarcación.
Cuando el proyecto es realmente singular, no existe un modelo de catálogo que encaje ni que merezca la pena adaptar, ya que la solución final estaría demasiado lastrada por unas características del barco optimizadas para otro propósito. La solución pasa por desarrollar una embarcación específica para ese caso concreto.
Ese es precisamente el origen del proyecto que inicia esta serie de artículos.
Por el momento no mostraremos la embarcación completa ni sus características, pero sí compartiremos algunas fases de su desarrollo, desde el diseño inicial hasta las pruebas de mar y la entrega final.
Del Maxsurf al tablero

Esta primera imagen muestra una parte del modelo desarrollado en software de arquitectura naval.
A simple vista son únicamente las líneas de las secciones del barco. Sin embargo, en ellas ya están definidas las formas que tendrá el casco, su comportamiento en la mar y una buena parte de su personalidad.
Como ingeniero naval, una parte importante del trabajo consiste en analizar, corregir, validar y optimizar estas geometrías iterando sobre la famosa espiral de proyecto hasta conseguir que respondan exactamente a los requisitos planteados al inicio del proyecto.
En realidad, este proceso de optimización podría prolongarse indefinidamente; siempre es posible seguir mejorando, seguir iterando. Sin embargo, llega un momento en que el proyecto debe avanzar. Parte del trabajo del ingeniero consiste precisamente en identificar ese punto, que condiciona la eficiencia del proyecto: el momento de congelar la geometría para iniciar la construcción. Este hito que se conoce habitualmente como design freeze.
Y es precisamente ahí cuando comienza una de las fases más gratificantes del proceso: cuando las líneas dejan de existir únicamente en la pantalla y empiezan a ocupar espacio real en el taller.
Construyendo el exoesqueleto
Las piezas que aparecen en esta segunda imagen forman la denominada caja de cuadernas.

En este caso no estamos construyendo un prototipo macho sobre el que posteriormente se obtendrá un molde para fabricación en serie. Estamos fabricando directamente un molde hembra, por lo que la estructura aparece «invertida» respecto a lo que muchas personas esperan ver en la construcción tradicional.
Las cuadernas se cortan en tablero mediante control numérico y posteriormente se ensamblan sobre una base firme para formar una especie de exoesqueleto que reproduce con precisión la superficie exterior del futuro casco.
Todavía no existe el barco, pero su forma ya está presente, ya se puede ver y tocar.
Cada curva, cada sección, corresponde exactamente a una línea que previamente fue dibujada y ajustada en el ordenador, y todas juntas formarán la superficie del casco.
Cuando las líneas se pueden tocar
Hay algo especialmente atractivo en esta fase del proceso.
Después de muchas horas trabajando sobre planos, superficies y modelos tridimensionales, aparece por primera vez la posibilidad de recorrer la embarcación con la mirada y con las manos.
Las formas dejan de ser una representación digital para convertirse en algo tangible.
Es uno de esos momentos en los que diseño y construcción se encuentran.
Mucho más que diseñar un barco
La construcción de esta caja de cuadernas es solo el primer paso.
En las próximas semanas iremos mostrando distintas fases del proyecto: la fabricación del molde, la construcción de la embarcación, la integración de equipos e instalaciones, la coordinación con los profesionales que participan en el proceso, las pruebas de mar y, finalmente, la entrega al cliente.
Porque un proyecto singular no consiste únicamente en diseñar un barco.
Consiste en acompañar una idea desde los primeros requisitos hasta verla navegar por primera vez.